HISTORIA VS. MEMORIA HISTÓRICA (II): EL CASO DE ANTONIO ORTIZ ARIAS
En esta ocasión volvemos a traer otro caso en que la memoria que se ha ido transmitiendo en el seno de una familia choca frontalmente con lo que nos dice la Historia en sus documentos.
El 16 de enero de 2025 José González Ortiz publicó en el digital La Comarca de Puertollano un artículo titulado “Antonio Julián Ortiz Arias: un puertollanense víctima del golpe de Estado del 36 (50 años de la muerte de Franco)”, que puede leerse en la dirección:
https://www.lacomarcadepuertollano.com/opinion/jose-gonzalez-ortiz/antonio-julian-ortiz-arias-puertollanense-victima-golpe-estado-36/20250116094101576707.html
El relato que hace el autor proviene de la memoria familiar. Cuenta José González que el 18 de julio su abuelo era director de la Prisión Provincial de Córdoba y que sobre el día 20 llegaron unos expresidiarios reconvertidos en falangistas con la pretensión de llevarse a unos presos. Como se negó lo sacaron de su despacho y lo fusilaron en un patio. Al querer indagar más sobre el asunto consultó las obras de Francisco Moreno Gómez “La Guerra Civil en Córdoba 1936-1939” y “Córdoba en la Posguerra -la represión, la guerrilla- 1936-1950” sin encontrar el nombre de su abuelo en los listados que ofrece este autor. Por nuestra parte, consultamos la base de datos que elaboramos mi buen amigo Juan Galán Ruiz de Adana y yo sin resultado. Nos pareció que el fusilamiento sumario del director de la Prisión Provincial de Córdoba era un hecho lo suficientemente destacable como para que no hubiera pasado desapercibido.
Comenzamos nuestra indagación por algo tan simple como teclear el nombre de la víctima en el buscador de Internet. Inmediatamente nos apareció un resultado. En la página:
https://www.franciscomorenogomez.net/2024/12/listado-de-los-fusilados-en-los-pueblos.html
aparece el siguiente resultado: Antonio Ortiz Arias, 58 años, fusilado el 7 de abril de 1939 en Pozoblanco.
Juan Galán contactó con el Registro Civil de Pozoblanco para concertar una cita y allí nos encaminamos los dos. Fácilmente encontramos la inscripción de defunción de Antonio Ortiz Arias hecha el 17 de mayo de 1939. Dice que tenía 58 años, que era hijo de Dionisio y de Josefa (coincidente con los datos que proporciona José González en su artículo), esposo de Micaela Sanz Manadas y padre de Amparo, Rosario y Josefa. Añade que falleció en Pozoblanco el siete de abril anterior “a consecuencia de heridas por arma de fuego según resulta de expediente instruido por la Superioridad…esta inscripción se practica en virtud de testimonio de la sentencia recaída en dicho expediente”.

Hasta el momento no hemos encontrado procedimiento judicial alguno seguido contra Ortiz Arias, y creemos poco factible que se llevara a cabo una actuación de ese tipo en los pocos días que median entre la entrada de las tropas nacionales en Pozoblanco y el 7 de abril. En la inscripción de defunción se cita un expediente de cuya naturaleza no tenemos constancia, por lo que nos inclinamos a suponer que, como señala Moreno Gómez, se trató de una ejecución extrajudicial. Pero queda aclarado que Antonio Ortiz Arias no fue fusilado en Córdoba en julio de 1936, sino en Pozoblanco en abril de 1939.
Tenemos, pues, un vacío de casi tres años en que lo único que conocemos se lo debemos, una vez más, a Juan Galán. Este infatigable investigador cordobés encontró una mención a Ortiz Arias en el Boletín Oficial de la Provincia de Córdoba, número 302 de fecha 17 de diciembre de 1936. Se trata de una requisitoria del Juzgado de Instrucción de Fuente Obejuna en la que se emplazaba a Antonio Ortiz Arias, oficial de prisiones que había sido director de la de dicha población, a presentarse en el Juzgado para declarar en el sumario número 143 “por infidelidad en la custodia de presos”.

Evidentemente José González había oído campanas en lo relativo a liberación de presos. Pero no fueron aquellos “expresidiarios reconvertidos en falangistas” que pretendían llevarse unos presos de la cárcel de Córdoba, a lo que Ortiz se habría opuesto, sino que fueron unos milicianos dirigidos, parece ser, por el tristemente célebre Rafael Maltrana, alcalde de Llerena, los que se llevaron los presos de derechas y los frailes de la prisión de Fuente Obejuna para fusilarlos en el cementerio de Granja de Torrehermosa, sin que Ortiz se opusiera, según debemos deducir de esa “infidelidad en la custodia de presos”.
Aunque, por el momento, no hemos encontrado un procedimiento seguido contra Ortiz Arias creemos que los dos documentos que presentamos prueban suficientemente que la versión que José González Ortiz siempre oyó en su casa no coincide con la realidad.
