“CONFERENCIA DE FRANCISCO MORENO GÓMEZ”.

El pasado día 1 de abril, a las 20.00 horas, tuvo lugar en el Archivo Municipal de Córdoba una conferencia de Francisco Moreno Gómez, que disertó sobre “El precio de la Victoria: franquismo y represión en Córdoba”. La asistencia de público fue muy alta, de forma que algunas personas siguieron el acto de pie en el fondo de la sala a pesar del notable aforo de la misma.

Moreno desarrolló la conferencia durante dos horas, tratando con gran fluidez diversos aspectos de la GCE en Córdoba, sin apoyo audiovisual y apenas sin notas. Comenzó reconociendo que ha hecho un gran esfuerzo para revisar la terminología que ha empleado en su último libro, de forma que ya no habla de “revolucionarios” ni de “lucha revolucionaria”, sino de “gente republicana” que lleva a cabo una “lucha antigolpista”. Esta “gente republicana” no se opuso al Gobierno por lo que no cabe hablar de revolución. Si acaso, algunos de los hechos que protagonizaron sí pueden calificarse de revolucionarios, como es el caso de las “ejecuciones” (sic). De la misma manera percibió que el término “represión” se quedaba corto y había que recurrir al de “genocidio”, por lo que tratar de enfrentamientos o batallas en la guerra civil española es hablar de aspectos colaterales de la misma. Según Moreno, el meollo de la guerra civil es el genocidio planificado que culmina en la postguerra, genocidio que era el único fin de los golpistas que no tenían proyecto político, social o económico alguno. Y añadió: “Esto ya está dicho y escrito judicialmente”.

No faltaron en su charla términos como “solución final”, comparaciones de los campos y cárceles de la postguerra con Auschtwitz y Mauthausen, etc. Suena a algo ya oído a otros historiadores y propagandistas. Es de temer que, una vez dogmatizado en sede parlamentaria y judicial que hubo un genocidio planificado, se pretenda impulsar iniciativas tendentes a penalizar cualquier voz discrepante con esta versión sectaria de los hechos históricos.

En su permanente afán por vincular a la Iglesia Católica con los sublevados y, paralelamente, disculpar los horrores de la persecución religiosa se le deslizó una perla. Dijo que cuando la famosa foto de los obispos brazo en alto se vio en zona republicana se desencadenaron las matanzas de religiosos. Pues bien, para cuando se hizo esa foto, avanzada la guerra, ya eran varios miles los obispos, sacerdotes, frailes, monjas, seminaristas y católicos sin graduación que habían sido torturados, mutilados, vejados y asesinados por causa de su fe.




 

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