LOS BOMBARDEOS AÉREOS REPUBLICANOS SOBRE LA RETAGUARDIA NACIONAL DURANTE LA GUERRA CIVIL ESPAÑOLA: APROXIMACIÓN AL CASO DE CÓRDOBA.

Patricio Hidalgo Luque

Introducción

La Guerra Civil Española (GCE) sigue acaparando el interés del público setenta años después de su inicio. Aunque los libros publicados sobre esta contienda se cuentan ya por miles, hay aspectos de la guerra que aún aparecen poco tratados o tratados deficientemente, como es el caso de los bombardeos aéreos republicanos sobre la retaguardia nacional.

Si bien durante la Primera Guerra Mundial ambos bandos habían bombardeado ciudades de la retaguardia enemiga, fue durante la GCE cuando se generalizó esta práctica, prevista en las doctrinas que sobre el poder aéreo se desarrollaron en Europa y en Estados Unidos en la época de entreguerras. El bando republicano fue el primero en bombardear ciudades, de forma que antes de finalizar el mes de julio de 1936 ya habían sido bombardeadas Zaragoza, Córdoba, Sevilla y otras, según se reconoce en sus propios partes oficiales de guerra (1).

Mientras que el gobierno republicano inició una activa campaña propagandística internacional frente a los bombardeos nacionales, que llegó incluso al Vaticano, la propaganda nacional, asombrosamente incompetente en esta materia, sólo acertó a responder tardíamente con unos folletos tan mal hechos que, al menos en el caso de Córdoba, registran menos bombardeos y muertos que los que hubo realmente (2). Parece que estos datos fueron dados por buenos por Solé y Villarroya (3), por lo que vemos cómo los errores se arrastran desde entonces.

Este vacío histórico me impulsó a buscar datos relacionados con los bombardeos aéreos republicanos sobre Córdoba durante la GCE, de los cuales tenía noticias por referencias orales y por haber encontrado en el archivo de la Farmacia del Hospital Militar de Córdoba una relación de las víctimas habidas en dicho establecimiento en el bombardeo del 1 de abril de 1937. El hallazgo en el Historial del Regimiento de Artillería Pesada nº 1 durante el Glorioso Movimiento Nacional de una breve relación, de apenas tres hojas, de las incursiones aéreas que sufrió la ciudad fue el detonante y la base de partida de una investigación llevada a cabo, hasta ahora, a nivel fundamentalmente local (4). La lectura de la prensa cordobesa de la época (5), la búsqueda de víctimas en el Registro Civil y en los libros de registro de los cementerios, así como la revisión documental en diversos archivos (6) y la consulta de la bibliografía especializada en temas aeronáuticos han ido ampliando, corrigiendo y puliendo los datos esbozados en el Historial.

Se ha hecho mención al carácter local del trabajo, pero esto es así sólo en su punto de partida. La intención final es hacer un trabajo lo más amplio posible, para lo que será imprescindible llevar a cabo una labor de investigación en archivos nacionales apenas iniciada. Por ello, cualquier conclusión que pueda derivarse de las páginas que siguen ha de ser forzosamente provisional.

Para una mejor comprensión se ha estructurado este trabajo en varios apartados. En primer lugar se estudian las incursiones realizadas durante el verano de 1936, que estuvieron vinculadas a los intentos republicanos de tomar Córdoba. La entrada en liza del material aéreo soviético dio otro cariz a los bombardeos a partir de diciembre de 1936, con unas características que apenas variarían hasta el final de la guerra. Siguen unas breves notas sobre la defensa antiaérea y la defensa pasiva en Córdoba, para finalizar con un balance de las víctimas producidas por los bombardeos durante los tres años de guerra.


Las incursiones: el verano de 1936

En la tarde del 18 de julio de 1936 la guarnición de Córdoba se adhirió a la sublevación iniciada la tarde anterior por el Ejército de África contra el Gobierno del Frente Popular, y el coronel D. Ciriaco Cascajo Ruiz, jefe del Regimiento de Artillería Pesada nº 1 y Comandante Militar de la Plaza, proclamó el estado de guerra siguiendo órdenes del general Queipo de Llano. Por una serie de circunstancias bien conocidas la sublevación triunfó en la capital la misma tarde-noche del día 18, si bien Córdoba quedó prácticamente aislada y con unas fuerzas exiguas que apenas bastaban para su defensa (7).

El Gobierno organizó una columna para marchar sobre Córdoba al mando del general Miaja, y destacó en Andújar (Jaén) una fuerza mixta de aviones Nieuport-52 y Breguet-XIX procedentes de la Escuadra nº 1 de Getafe (8). En el sur, la actividad aérea de los sublevados estaba centrada en la base sevillana de Tablada, pero pronto destacaron aviones al aeródromo de la Electromecánica, en Córdoba.

La prensa local informa de vuelos sobre la ciudad desde los primeros días del conflicto, pero no está claro cuándo tuvo lugar el primer bombardeo. Los Documentos del General Cuesta (9) mencionan una incursión el 24 de julio con víctimas en el barrio de la Electromecánica, y Fernando Fernández de Córdoba escribe sobre un bombardeo, también con víctimas, el día de Santiago, es decir, el 25 de julio (10). Probablemente esta mínima diferencia de fechas sea debida a un error y ambos hablen de un mismo ataque. Por otro lado, los partes oficiales republicanos reconocen bombardeos sobre Córdoba los días 26 y 28 de julio (11), lo que coincide con la siguiente noticia aparecida en El Defensor de Córdoba del 29 de julio: “Hace tres días venía visitándonos un aparato que lanzó bombas de mano en distintos lugares con poca fortuna”. La prensa menciona una incursión el 29 de julio frustrada por un caza nacional que habría derribado un avión atacante, que pudiera ser el Ni-52 del sargento Romero Tejero (12).

Debo decir que no he encontrado el menor rastro documental de ataques con víctimas antes del 31 de julio de 1936 (13), día en que un Douglas DC-2 lanzó bombas sobre las 18.30 horas produciendo daños y heridas al menos a una niña en el barrio de San Lorenzo. Esa tarde, el ametrallador del Douglas derribó un Ni-52 nacional que trató de interceptarlo desde el campo de la Electromecánica. El piloto del caza, teniente Jesús Fernández Tudela, salvó la vida al lanzarse en paracaídas. Según la prensa local, durante el ataque del día 31 se hicieron disparos de cañón contra el Douglas desde el cuartel de Artillería. Aunque en Córdoba no existían piezas antiaéreas en esa época, no puede descartarse que esos disparos, caso de que realmente fuesen hechos, se realizaran con piezas de campaña montadas sobre afustes de circunstancias, aunque no hemos podido confirmar esto por fuente alguna. En todo caso, se disparó contra el atacante con todo tipo de armas portátiles, y consta que al menos un hombre fue herido por rebote de balas. Al día siguiente una nota de prensa del coronel Cascajo conminó enérgicamente a cortar con ésta tan entusiasta como inútil práctica. Esa misma noche, siempre según la prensa local, habló por la radio el general Orgaz, presente en Córdoba, para tranquilizar a la población y advertir de la voladura de una bomba sin explosionar prevista para el día siguiente.

El mes de agosto comenzó, según el Historial, con una incursión el día 1, sobre las 11.00 horas, que no hemos podido confirmar con ninguna otra fuente. El día siguiente, domingo, sobre las 8 de la mañana, un avión, posiblemente un Douglas, arrojó 9 bombas sobre distintos puntos de la ciudad, causando al menos 7 víctimas mortales confirmadas, 3 de ellas niños. La prensa local resaltó que varias bombas cayeron cerca de iglesias y concluyó que los atacantes intentaron alcanzarlas adrede en día de precepto. Aunque no se puede asegurar que los templos fuesen el objetivo de las bombas, sí es claro que no impactaron sobre objetivos militares. El mismo día 2 el Comandante Militar publicó un bando en la prensa en el que anunciaba, de orden del general Queipo de Llano, represalias en caso de nuevos bombardeos, a razón de 10 detenidos “de filiación marxista” a fusilar por cada víctima de los ataques.

El avión perdido el 31 de julio debió ser sustituido pronto, porque El Defensor de Córdoba del 3 de agosto escribe: “Tenemos en Córdoba tres aparatos de aviación, entre ellos uno de caza que está considerado como uno de los mejores de esta clase y el cual lo pilota un notable aviador”. El caza sólo puede ser un Ni-52 enviado desde Tablada para sustituir al perdido, y no era precisamente un avión moderno.

En la mañana del lunes 3 de agosto dos Breguet XIX republicanos protegidos por un Ni-52 intentaron atacar la ciudad, pero les salió al encuentro el caza del capitán Joaquín García-Morato, que llegaba desde Sevilla en su primer servicio de guerra. Morato los ametralló y persiguió, consiguiendo que huyeran sin arrojar las bombas sobre la ciudad. Según parece, uno de los Breguet iba pilotado por el alférez Valenzuela con el teniente De Grado de observador, el cual resultó herido. El caza era el del sargento López Pastor, que rehuyó el combate (14). Ese mismo día, por la tarde, sí hubo un bombardeo en las proximidades de los cuarteles de la avenida de Medina Azahara. Tres personas murieron en el acto y una mujer el día 11 a consecuencia de las heridas. Esa noche fueron fusilados exactamente 12 hombres en la cuesta de Los Visos como represalia. Una persona participante en las detenciones me asegura que la proporción fue 4 por 1, lo que cuadra con los 3 fallecidos constatados a esas horas (15). Cabe preguntarse si el coronel Cascajo modificó por su cuenta y a la baja la orden del general Queipo de Llano.

El día siguiente, 4 de agosto, el general Miaja amagó un ataque sobre las posiciones nacionales de Las Cumbres, a unos 15 km de Córdoba en la carretera de Madrid, que fueron castigadas con 72 bombas. Después de esto desistió, de momento, de atacar Córdoba, volviéndose contra Adamuz para posteriormente subir al valle de los Pedroches, decisión que le fue muy reprochada. Lo cierto es que estos días de tregua fueron aprovechados por el general Varela, tras su fracaso ante Castro del Río, para tomar Antequera, Archidona y Loja con fuerzas extraídas, en parte, del frente de Córdoba. Durante estos días la ciudad no fue bombardeada, si bien se produjeron algunas alarmas que causaron el pánico en la población. En el curso de una de éstas, el 5 de agosto, murió una joven a resultas de la caída que sufrió en el sótano del edificio en construcción del Banco de España, habilitado como refugio. El diario de vuelo de García-Morato anota alarmas los días 11 y 13 de agosto (16). Sobre la presencia de este aviador en Córdoba, Salas Larrazábal escribe que el 2 de agosto operaba desde Córdoba el teniente Timoteo Valiente, que fue sustituido el día siguiente por el capitán García-Morato, recién llegado a zona nacional desde Inglaterra; hasta el día 7 de agosto Morato voló en Córdoba en solitario, y en los dos días siguientes en unión del capitán Gancedo, que actuaba de jefe de los Nieuport de Sevilla (17).

El aeródromo de Córdoba era una pista eventual en la margen derecha de la carretera de Palma del Río, frente a la Electromecánica. No era apta para un uso continuado y menos para ser utilizada por aviones modernos que pronto habrían de llegar. La prensa de Córdoba se hacía eco de los arreglos que se realizaban en el aeródromo, y en el Archivo Municipal de Córdoba se encuentran datos de los esfuerzos de la Comisión Gestora Municipal para arrendar terrenos y suministrar materiales para las obras. Al respecto, destaca un oficio del Alcalde al Ingeniero jefe de la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir instándole a desviar el curso del canal del Guadalmellato para facilitar la construcción de una nueva pista de aterrizaje (18).

El 15 de agosto se rindió Pozoblanco a las fuerzas republicanas. El general Miaja, en vez de aprovechar su dominio de la carretera de Córdoba a Badajoz y caer sobre la capital desde la sierra que la rodea por el norte, decidió volver al valle del Guadalquivir y atacar en tres sectores con maniobras complicadas que implicaban el paso de ríos. El ataque estaba previsto para el día 20, y en la correspondiente orden de operaciones se mencionaba el bombardeo de Córdoba entre el amanecer y las 10.00 horas, pero sin señalar objetivos concretos (19).

Coincidiendo con esto se reanudaron los bombardeos. El 17 de agosto, a las 7.30 horas, un avión bombardeó varias zonas de la ciudad, incluyendo la iglesia de San Rafael, foco de la devoción cordobesa. La incursión se repitió a las 12.30 horas. En ambas ocasiones despegaron cazas del aeródromo de la Electromecánica sin que lograran interceptar al agresor. La cifra de bajas de este día es muy imprecisa por falta de datos de uno de los cementerios, si bien hemos confirmado al menos 33 víctimas mortales, de las que hemos identificado 16, de ellas 10 niños.

El 19 de agosto la ciudad sufrió de nuevo 2 ataques, a las 6.30 y a las 17.15 horas, a cargo de 2 aviones en cada ocasión. En este día aparecen 15 víctimas mortales confirmadas, de ellas 12 identificadas. El 20 de agosto fueron 3 las incursiones, a las 6.30, 10.30 y 16.45 horas, con 5 muertos, todos identificados. En la tarde de este día tuvo lugar el ataque de la columna republicana del comandante Joaquín Pérez Salas desde Espejo, que fue rechazado por la contundente actuación de la aviación nacional. Las otras columnas demoraron su ataque hasta el día siguiente y fueron rechazadas con pérdidas, fundamentalmente en el puente Mocho, sobre el río Guadalmellato, cerca de Alcolea.

El 21 de agosto hubo 2 nuevas incursiones, a las 6.00 y a las 10.30 horas, con 3 muertos confirmados. Este día, y ante la amenaza que se cernía sobre Córdoba, llegaron nuevos cazas procedentes de Tablada. El Diario de Córdoba del día 22 titulaba: “Ayer llegaron a Córdoba cinco aparatos de aviación de tipo moderno y cañones antiaéreos para asegurar la defensa aérea de la población”. No obstante, al pormenorizar la noticia rebajó la cifra de aviones a “tres magníficos cazas”, que fueron los que realmente aterrizaron sobre las 8.30 horas. Añadía que a las 9.00 horas llegaron en camiones piezas antiaéreas que fueron emplazadas en lugares estratégicos. Esto es confirmado por Salas Larrazábal, quien dice que fueron llamados a Córdoba 3 de los Fiat CR-32 recién llegados a Tablada para reforzar a los 3 Ni-52 de Gancedo, Manrique Montero y Fernández Tudela (20).

Por la tarde los nuevos cazas frustraron un bombardeo y derribaron un caza de escolta sobre Las Cumbres, resultando muerto el piloto, cuya identidad no hemos podido averiguar hasta la fecha. Se trata de la primera victoria aérea conseguida en España por los pilotos de caza italianos. En concreto, el que se adjudicó el derribo fue el jefe de la patrulla, el sottotenente (alférez) Victor Ugo Ceccherelli, llamado en España “Vaccarese”. Al aterrizar en el campo de la Electromecánica averió su Fiat al colisionar con un Breguet-XIX cegado por la polvareda levantada por la hélice (21). Alcofar Nassaes amplía la información, y dice que los bombarderos atacantes eran bimotores Potez, que los otros miembros de la patrulla eran los sargentos Angelo Boetti (”Illacqua”) y Sirio Salvadori (“Salvo”) y que los aviones de éstos también quedaron averiados (22).

Otros 2 ataques están registrados el 22 de agosto, a las 6.00 y a las 11.30 horas, que produjeron 4 muertos. La incursión del día 23 a las 5.45 horas no dejó víctimas conocidas. En cambio, la del día 26 a las 17.45 horas sí ocasionó al menos 3 muertos identificados.

El 29 de agosto, sobre mediodía, 2 aviones que, según los rotativos cordobeses, habían sido avistados en Antequera, sobrevolaron Córdoba desde la vertical del Puente Romano. Los mayores daños fueron causados en el barrio de la Catedral, incluido el Hospital de Agudos, y los muertos identificados de ese día ascienden a 4. En cuanto al origen de los aviones es posible que ese día procediesen del aeródromo malagueño de El Rompedizo (23).

A primeros de septiembre el general Varela volvió a Córdoba, y decidió eliminar la amenaza que para la ciudad de la Mezquita suponían las fuerzas republicanas estacionadas en Cerro Muriano. En esos días la aviación republicana volvió a bombardear el casco urbano en detrimento de acciones de apoyo a sus tropas, que eran constantemente atacadas por la aviación nacional. El Historial del Regimiento de Artillería contabiliza 30 incursiones durante el mes de septiembre, cifra que hemos de reducir al descontar incursiones frustradas o bombardeos sobre posiciones nacionales en Alcolea o en la sierra inmediata a la ciudad. La prensa es confusa en la información de estos días, siendo la más valiosa la ofrecida por el Diario de Operaciones del General Varela (24). Finalmente, hemos confirmado los siguientes bombardeos: uno el día 5 de septiembre, a las 18.00 horas, sin víctimas. El día 6 fueron 2 los ataques, uno a las 8.00 horas con 3 muertos, y otro por la tarde sin consecuencias. Uno la mañana del 7. El día 8, a las 6.20 horas 6 aparatos arrojaron 8 bombas sobre la población. El día 10, entre las 18.00 y las 18.30 horas, 6 bombarderos escoltados por dos cazas arrojaron 58 bombas sobre la ciudad; esa tarde una bomba, que no llegó a estallar, cayó en la techumbre de la Mezquita, según informó El Defensor de Córdoba del 30 de septiembre.

El 22 de septiembre la caza nacional impidió un nuevo ataque a cargo de 6 aviones, de los que 2 aterrizaron en una pista cerca de El Carpio, en el lugar denominado Torre de la Jungla o cortijo del Cuco; camuflados entre olivos, fueron descubiertos por Manuel Vázquez Sagastizábal en su avioneta y destruidos por aviones procedentes de Córdoba (25). Finalmente, el parte republicano de la noche del 24 de septiembre dice que “la aviación de la República ha bombardeado e incendiado varios edificios de Córdoba”, lo que es totalmente falso (26). A partir de este momento cesó el acoso aéreo sobre la ciudad.

Hemos visto cómo la ciudad sufrió fuertes bombardeos durante el mes de agosto, sobre todo durante la semana trágica comprendida entre los días 17 y 23, coincidiendo con el fracasado ataque del general Miaja. El informe del mando republicano trató de justificar los fracasos del 21 de agosto y del 5-6 de septiembre por no tener apoyo de la aviación propia y ser continuamente atacados por la contraria, lo que contrasta con el derroche de medios aéreos empleados sobre el casco urbano (27). Sorprende la fuerte presión de la aviación republicana sobre la ciudad en septiembre de 1936, cuando sus fuerzas terrestres habían perdido la iniciativa y toda posibilidad de tomar Córdoba. El número de víctimas fue menor que en agosto, posiblemente por el mejor funcionamiento de las alarmas y por la acción de la caza y la defensa antiaérea (28).

En la primera decena de septiembre los ataques se concentraron en la zona S. Andrés-Realejo, donde residía el general Varela, y las bombas llegaron a caer en el jardín de la residencia del bilaureado general (29). Este hecho nos lleva a plantearnos la información de que disponían los atacantes. En el primer mes de la guerra aparecieron en la prensa local noticias sobre emisoras clandestinas que conectarían con Andújar para suministrar información a los atacantes, pero el hecho de que ninguno de los detenidos por estos hechos de los que tenemos noticia acabase fusilado nos hace ser cautos sobre estos extremos. El diario Guión del 8 de septiembre insiste sobre el particular: “...y el lugar donde han caído hoy las bombas en mayor número demuestra que en Córdoba, conviviendo con nosotros, hay espías, quienes valiéndose de emisoras clandestinas o por otro medio comunican a los rojos las noticias que pueden interesarles”. Otra cuestión es que la información pudiera ser proporcionada por los numerosos evadidos que huyeron de Córdoba, sobre todo por la sierra próxima.

Aunque cayeron algunas bombas en los cuarteles y sus proximidades, no puede decirse que los objetivos de los bombardeos del verano del 36 fuesen exclusiva o preferentemente militares, ya que los impactos puntearon toda la ciudad y resultaron alcanzados al menos 13 edificios religiosos, varios establecimientos sanitarios y muchas casas particulares, incluso en zonas muy alejadas de cualquier objetivo militar susceptible de ataque.

En Córdoba se atribuyó al catedrático del Instituto de Enseñanza Media local y diputado por Izquierda Republicana D. Antonio Jaén Morente el señalamiento de objetivos en la ciudad, y en la sesión extraordinaria celebrada por la Comisión Gestora Municipal el 17 de agosto de 1936 con motivo del fuerte bombardeo de aquella mañana se le declaró Hijo Maldito de la Ciudad (30). Esta creencia, muy arraigada durante décadas en Córdoba, se basa en que este diputado pronunció un discurso desde Radio Jaén el 28 de julio de 1936 en el que amenazaba con grandes bombardeos sobre la capital si los rebeldes no se rendían.


Las incursiones: entra en acción la aviación soviética

A partir de octubre de 1936 llegó a zona republicana abundante material soviético. Entre esta ayuda destacó el bombardero Tupolev SB-2, llamado “Katiuska”, que sería el protagonista del resto de los bombardeos sufridos por Córdoba.

A finales de dicho año, el general Queipo de Llano desencadenó una ofensiva que puso en sus manos gran parte de la zona olivarera de la provincia de Córdoba. De nuevo la aviación nacional se volcó en apoyo de las tropas de tierra, incluida la Patrulla Azul, formada a partir del 23 de diciembre de 1936 (31), mientras que la republicana se dedicó a realizar incursiones sobre la retaguardia nacional empleando los rápidos “Katiuskas”.

Salas Larrazábal recoge una incursión sobre Córdoba el 5 de diciembre de 1936 (32), sobre la que no hemos encontrado más datos. El siguiente ataque tuvo lugar el 24 de diciembre a mediodía; según la prensa, nueve bombas cayeron en las proximidades de la estación central de ferrocarril, ocasionando daños en la Estación Sanitaria de la Victoria y dos heridos leves por tejas y cristales desprendidos. Nuevamente volvieron los aviones sobre Córdoba y Alcolea el día de Navidad, arrojando bombas de gran potencia (33). Según el parte gubernamental, una escuadrilla de bimotores atacó, “con positiva eficacia”, la estación y los cuarteles de Córdoba, mientras que una segunda escuadrilla arrojó veinte bombas de gran tamaño sobre la estación y el puente de Alcolea (34).

El siguiente ataque tuvo lugar el 31 de diciembre a mediodía. El 1 de enero de 1937, sobre las 16.00 horas, dos bimotores arrojaron varias bombas, resultando una mujer herida de metralla y daños escasos. El día 2 de enero hubo varias alarmas, consiguiendo finalmente los aviones lanzar sus bombas por la tarde, de nuevo con la estación como objetivo (35). La prensa, concretamente el diario Guión de esa misma tarde, da una lista de ocho heridos en este ataque, también confirmado por el parte republicano (36).

La caza nacional no había logrado interceptar a los nuevos bombarderos por la elevada velocidad de éstos. Las tornas cambiaron el día 3, cuando dos “Katiuskas” se aproximaron a la ciudad después de tres alarmas previas; en esta ocasión los esperaba en el aire García-Morato, quien logró derribarlos en las proximidades de Andújar (37). El Defensor de Córdoba de 4 de enero informó de dos alarmas ese día, a las 11.00 y a las 16.00 horas, sin consecuencias, alarmas que confirma el diario de vuelo de Morato.

A partir de este momento vuelve un período de relativa calma. Una vez tomada Málaga, en marzo de 1937 el general Queipo de Llano desencadenó una ambiciosa ofensiva que, desde Peñarroya, Espiel y Villaharta, habría de poner bajo control nacional todo el norte de la provincia de Córdoba y permitiría la liberación de los sitiados en el santuario de la Virgen de la Cabeza. La ofensiva se estancó por falta de reservas y fue seguida de un fuerte contraataque republicano que puso en serios aprietos a los nacionales. La Patrulla Azul fue llamada de nuevo a Córdoba para colaborar en el restablecimiento de la situación.

Coincidiendo con estos hechos, el 1 de abril de 1937 tuvo lugar uno de los bombardeos más trágicos de la guerra, con un balance mínimo de 37 muertos identificados. Especialmente castigado resultó el Hospital Militar, donde se contabilizaron 18 muertos, 7 de ellos en la Farmacia (38). También resultó muy afectado el barrio de Cercadilla, próximo al cuartel de Artillería y a la estación del mismo nombre. El Hospital Psiquiátrico, situado frente al Militar, resultó alcanzado por segunda vez en la guerra y con grandes daños, si bien no hemos encontrado víctimas en él. Otras bombas cayeron en el centro de la ciudad lejos de cualquier posible objetivo militar.

Según el parte del Ministerio de Marina y Aire los objetivos de este ataque eran los talleres de la Electromecánica y los cuarteles, y se emplearon 40 bombas de 25 kg y otras 40 de 50 kg (39). El parte nacional del día es lacónico: “La aviación roja bombardeó la población de Córdoba y, especialmente el Hospital Militar, causando algunas víctimas”. En el parte del 9 de abril vuelve a mencionarlo junto con otros bombardeos republicanos sobre la retaguardia, concretamente los de Valladolid, Zaragoza y Melilla (40). Este bombardeo enfureció al general Queipo de Llano, quien en su charla radiofónica de esa noche reconoció haber ordenado como represalia el bombardeo de Jaén la tarde del mismo día 1, que causó 155 muertos y ocasionó, a su vez, una saca de derechistas y eclesiásticos detenidos en la catedral de Jaén que fueron fusilados en días sucesivos en el cementerio de Mancha Real (41).

No hemos podido comprobar el derribo de un “Katiuska” por el teniente Narciso Bermúdez de Castro en abril-mayo de 1937 cuando aquél venía a bombardear Córdoba (42). Según el Historial, el 9 de mayo de 1937 la capital cordobesa sufrió 2 ataques, a las 6.15 y a las 16.00 horas, con 3 y 4 aviones, respectivamente. El parte republicano recoge 2 bombardeos, uno a las 16.00 sobre los cuarteles y otro a las 18.15 horas con “la fábrica de municiones”, la Electromecánica, sin duda, como objetivo. Añade el parte que 2 bombas cayeron sobre la vía férrea (43). La prensa local, concretamente Azul del día 10, coincide con el Historial en cuanto a la hora de los bombardeos, pero, al igual que esta fuente y el propio parte nacional del día 9, sólo reconoce heridos en los ataques. Lo cierto es que resultó totalmente destruido el Dispensario Antipalúdico y muerto su conserje; este centro sanitario estaba situado en la actual avenida de la República Argentina y relativamente próximo a los cuarteles de Artillería y Guardia Civil y al Parque de Artillería. Otra víctima mortal fue un ferroviario, por lo que es posible que fuesen realmente alcanzadas las vías.

El domingo 4 de julio de 1937 se produjo un bombardeo a las 15.00 horas. Extrañamente, los rotativos consultados dan la noticia en forma totalmente idéntica y fechada el día 6 en Sevilla. Según esta nota, muy posiblemente inspirada por el Cuartel General del Ejército del Sur, un “trimotor” arrojó 6 grandes bombas sin que se produjeran víctimas. Los bomberos realizaron una salida entre las 15.15 y las 17.00 horas para extinguir el incendio declarado en los alrededores de la cementera ASLAND, en la carretera de Almadén, a consecuencia del bombardeo (44).

El 28 de julio fueron 2 las incursiones. Según el Historial del Regimiento de Artillería, que yerra al fijar la fecha de los ataques como la del día 29, la primera fue a las 7.15 horas, a cargo de un aparato que fue rechazado por el fuego de la batería antiaérea de 88 mm., pero que, no obstante, consiguió arrojar 4 bombas sobre el campo de aviación; el segundo ataque fue llevado a cabo a las 15.17 horas por 6 bimotores que lanzaron 16 bombas entre el barrio de las Margaritas y la Electromecánica, causando 6 muertos, que constan en el Registro Civil de Córdoba como fallecidas en el barrio de Occidente el día 28 a las 15.00 horas a consecuencia de “heridas de metralla producidas por la aviación marxista”. El Defensor de Córdoba de la tarde del día 29 informa de 7 asistidos en la Casa de Socorro por heridas de metralla, pero sin mencionar bombardeo alguno; algunos de estos heridos lo fueron por metralla de los proyectiles antiaéreos, al no estar resguardados durante la incursión (45). Por su parte, los bomberos registraron una salida el 28 de julio entre las 15.00 y las 16.15 horas para desescombrar casas hundidas en el barrio de Occidente, donde rescataron 3 muertos y 3 heridos. Este bombardeo está recogido por Solé y Villarroya, si bien dan las 18.30 horas como hora y citan 5 víctimas mortales (46). Mientras que el parte nacional guarda silencio, el republicano se hace eco de ambos ataques y menciona el aeródromo como objetivo en ambos casos (47).

Volvieron los aviones el 16 de agosto de 1937 a las 7.00 horas, pero, según el Historial, la barrera de fuego antiaéreo les impidió sobrevolar de la ciudad, por lo que soltaron su carga sobre la cárcel nueva, próxima a la carretera de Almadén.

La Electromecánica y la batería antiaérea, situada en El Fontanar, detrás del cementerio de la Salud, fueron, según el Historial del Regimiento de Artillería, el objetivo del bombardeo del día 14 de octubre de 1937 a las 11.30 horas; las 25 bombas lanzadas no produjeron víctimas, pues según la prensa local cayeron en el cauce del río y otros lugares. El parte republicano del día 15 habla del bombardeo de la Hidroeléctrica de Córdoba (48), lo que explicaría la caída de bombas en el río mejor que la hipótesis manejada por el Historial.

El 19 de octubre tuvo lugar un bombardeo en 2 oleadas sucesivas, a las 15.10 y 15.15 horas, respectivamente (49). Según el Historial del Regimiento de Artillería, el primer grupo de 7 aviones tipo “Natacha” bombardeó el emplazamiento de la batería antiaérea sin producir daños; a los 5 minutos, otros 7 aparatos del mismo tipo atacaron la Electromecánica, sin producir efecto sobre los talleres pero causando 2 muertos y 4 heridos. También consiguieron cortar la vía férrea en el kilómetro 3 de la línea de Málaga, la línea telegráfica con esa capital y la telefónica con Sevilla y Algeciras. Se lanzaron 30 bombas de todos los tamaños, predominando el tipo de 100 Kg. La batería antiaérea efectuó 149 disparos. Solé y Villarroya también citan este ataque (50).

El 13 de junio de 1938 se presentaron 3 aparatos a 6.000 metros, que arrojaron 14 bombas sobre la fábrica “La Fundición”, según se explica en el Historial del Regimiento de Artillería, sin que hallamos encontrado otros datos ni sepamos a que fábrica se refiere. El último ataque con víctimas mortales ocurrió el 9 de diciembre de 1938. Según el citado Historial, 6 aviones se presentaron a las 8.30 horas y desde 4.000 metros arrojaron 40 bombas con una débil oposición de la batería antiaérea de 76,2 mm., que tan sólo hizo 17 disparos. En el Registro Civil aparecen 7 muertos en esta incursión, todas en la huerta y barriada del Maimón, un barrio modesto formado por las calles de Simón del Toro y de Santa Leocricia situado en las proximidades del cementerio de la Salud, cerca del actual teatro de la Axerquía (51).

En el Archivo General Militar de Ávila se conservan unas fotos aéreas tomadas por los atacantes que permiten reconstruir este bombardeo con bastante exactitud (52). Los aviones se aproximaron a la ciudad a 4.800 metros de altura siguiendo la orilla izquierda del Guadalquivir y, una vez llegados a la vertical del Camino Viejo de Castro del Río, giraron a la derecha para enfilar los objetivos desde el sureste. Quizás siguieron este rumbo para tratar de coger desprevenida a la defensa antiaérea, lo que explicaría el bajo número de disparos hechos por ésta. Las fotos muestran claramente los impactos de las bombas en el barrio del Maimón y en las inmediaciones de la vía férrea, justo antes de la bifurcación de la línea de Málaga. A falta de otra información sólo podemos especular con que los verdaderos objetivos fuesen la propia batería antiaérea, situada en un montículo tras el cementerio de la Salud y relativamente próxima al barrio del Maimón, y la factoría de la Electromecánica. En una de las fotos aparece una nota curiosa referente a una acequia mal situada en el mapa 1:50.000; debe referirse al canal del Guadalmellato, que fue desviado en el verano de 1936 para alargar la pista del aeródromo de Córdoba.

El parte republicano silencia este bombardeo, no así el parte nacional, que cita 8 muertos y 10 heridos civiles causados por las bombas en “un barrio popular” (53). El rescate de las víctimas y el transporte de los heridos a los centros sanitarios debió ser muy rápido, porque la salida de los bomberos entre las 9.00 y las 11.30 horas sólo sirvió para rescatar unas caballerías atrapadas en los escombros. Las últimas incursiones de la guerra, todas en el mes de febrero de 1939, no fueron bombardeos, sino que consistieron en el lanzamiento de propaganda. Ocurrieron durante el mes de febrero de 1939, el día 5 a las 4.00 horas, el 7 a las 20.55 horas y el 8 a las 3.15 horas.

En esta fase de la guerra se observa una disminución en el número de incursiones, pero llevadas a cabo por aviones más modernos, que volaban a mayor altura y velocidad y que portaban más bombas y más potentes. La velocidad de los “Katiuskas”, excepcional para la época, los hacía difíciles de interceptar para los cazas nacionales. Los bombarderos rara vez alcanzaron sus objetivos, posiblemente por la necesidad de volar alto para eludir la defensa antiaérea, por lo que estos bombardeos no aportaron prácticamente nada al esfuerzo de guerra republicano.

Sí se aprecia a partir de finales de 1936 un concepto más “estratégico” en la elección de los objetivos a atacar, como se desprende de los partes republicanos. El propio Indalecio Prieto dejó constancia de su empeño en bombardear la Electromecánica y de cómo sus órdenes eran saboteadas por los consejeros soviéticos (54). No obstante, la información que manejaba en esta época la aviación republicana no parece muy exacta. En el Archivo General Militar de Ávila existen unas fichas sobre instalaciones de industrias militares en Zona Nacional elaboradas por el Estado Mayor de la Jefatura de las Fuerzas Aéreas de la Zona Centro-Sur (55). En estas fichas se menciona una improbable fábrica de líquido inflamable atendida por personal alemán e italiano sita en el castillo de la Albaida, en la carretera de Santa María de Trassierra, así como un depósito de líquido inflamable enclavado en la nave central de la fábrica de cemento ASLAND, en la carretera de Almadén, que pudo ser el objetivo de las incursiones del 4 y del 16 de agosto de 1937. También yerran en la denominación y situación de la fundición de Bernardo Alba Pulido. Este establecimiento radicaba en la avenida del Obispo Pérez Muñoz (hoy Ollerías) y sí fabricaba material de guerra, mientras que la información republicana la nombraba como Fernando Alba y la situaba en las Margaritas, zona, por cierto, bastante castigada por los bombardeos.

En resumen, el Historial fija la cifra de 65 incursiones sobre Córdoba, coincidente con la que aparece en un informe elaborado por José Marín Alcázar, gobernador civil tras la sublevación, al objeto de solicitar para Córdoba el título de “Ciudad Heroica” (56). Sin embargo, si descontamos las incursiones en que se lanzó propaganda, no se consiguió lanzar las bombas y las que no hemos podido confirmar contabilizamos un mínimo de 38 bombardeos efectivos sobre la ciudad.

En el Archivo Municipal de Córdoba no hemos encontrado datos sobre daños producidos por los bombardeos. Paradójicamente, hemos hallado la copia sin firma de un informe del arquitecto municipal sobre el particular en un archivo particular (57); este informe, fechado el 28 de mayo de 1938, detalla daños producidos por las bombas en 265 edificios, pero sólo hasta el 1 de abril de 1937 inclusive, por lo que es incompleto.



Algunas notas sobre la defensa antiaérea en Córdoba

Los rotativos locales anunciaron la llegada el 21 de agosto de 1936 de piezas antiaéreas que fueron emplazadas en lugares estratégicos. Sin embargo, según el Historial del Regimiento de Artillería, fue el 26 de septiembre de dicho año cuando el comandante de Artillería D. Juan Anguita Vega organizó una Plana Mayor para el servicio D.C.A. (defensa contra aeronaves), del que había sido nombrado Jefe (58). Ese día llegaron a Córdoba dos ametralladoras antiaéreas “Flack Wefe” de 20 mm., y se organizaron dos equipos de sirvientes, heterogéneos dada la escasez de personal: una de las armas estaba servida por artilleros del 1º Pesado y del 3º Ligero, y la otra por falangistas. Montadas sobre unos carrillos que les proporcionaban movilidad, pasaron por diversos emplazamientos dado lo diverso de las rutas de aproximación de los atacantes.

Existe, pues, una contradicción entre la prensa y el Historial en lo relativo a la fecha de llegada de las piezas antiaéreas a Córdoba. El testimonio de un artillero que sirvió aquellas piezas demuestra que es correcta la fecha de llegada dada por la prensa; es más, delata que el Historial silencia un hecho tan notable como que al mando de las piezas llegó un teniente alemán encargado de instruir a los españoles en su manejo. Según este testimonio, fueron al menos tres las ametralladoras llegadas, que fueron emplazadas en la rotonda del paseo de la Victoria, en el camino viejo de Obejo (carretera de Santo Domingo, junto a unos polvorines allí existentes) y huerta de Merino, junto a la Electromecánica. Las dotaciones rotaban por estos emplazamientos. En cuanto a la heterogeneidad de los sirvientes, este antiguo artillero recuerda que se incorporaron a la suya dos soldados de Caballería valencianos de la columna del comandante Pérez Salas que se pasaron al bando nacional la tarde del 20 de agosto de 1936 aprovechando la confusión generada por el fortísimo bombardeo al que la aviación nacional sometió a la mencionada columna (59).

Un nuevo elemento de confusión lo aporta la “Orden General de la Comandancia Militar del día 8 de septiembre en Córdoba”, la cual, en su artículo 1º, dice lo siguiente: “Presentado en esta Plaza el Alférez de Navío don Rafael Carlos Rosa en esta fecha se hace cargo del mando de las Baterías Antiaéreas quedando incorporado a la Plaza” (60). No hemos hallado ninguna otra referencia documental o testimonial de la presencia de este marino en Córdoba.

El Historial del Regimiento de Artillería da cuenta de la formación en esta Unidad de una Batería Antiaérea, la 35ª. Esta Batería se organizó el 1 de noviembre de 1937 bajo el mando del teniente D. Francisco Callejón Campos, y el mes siguiente recibió cuatro piezas Vickers de 76,2 mm. con sus respetos y accesorios; comenzó a practicar la instrucción específica antiaérea en el mismo cuartel de Artillería. El 1 de enero de 1938 se hizo cargo del mando de la Batería el capitán D. Rafael de las Llanderas Pueyo. El 22 de marzo de 1938 la Batería terminó la instrucción y quedó afecta a la D.C.A. de Córdoba, asentándose en El Fontanar por ser terreno aledaño a la zona de guerra de la Plaza, que comprendía los cuarteles, estaciones de ferrocarril, Electromecánica y otras fábricas de construcción de material de guerra. Causó baja en el Regimiento de Artillería Pesada nº 1 en la revista de Comisario del mes de junio de 1938, por pasar al Regimiento de Artillería Antiaérea con el ordinal 32ª (61).

En la relación de bombardeos del mismo Historial se describe la actuación de una batería de 88 mm. Estas intervenciones están fechadas a lo largo de 1937, antes de la constitución de la batería de 76,2 mm., pero no hemos podido documentar nada sobre la presencia en Córdoba de piezas de 88 mm.


La defensa pasiva.

Antes del conflicto se promulgó un decreto del Ministerio de la Guerra, de fecha 8 de agosto de 1935, por el que se constituía, bajo la Presidencia del Consejo de Ministros, un Comité Nacional de Defensa Pasiva de la población civil contra los peligros de los ataques aéreos (62). Este Comité estaba integrado por los ministros de Gobernación, Instrucción Pública, Guerra, Marina y Obras Públicas, y el ministro de la Guerra sometería al Comité los primeros planes y propuestas tras los pertinentes estudios. Esta organización se completaba con otros comités a nivel provincial y local.

No he logrado saber si llegó a constituirse un comité en Córdoba. El caso es que, iniciada la contienda, no había planes que aplicar y las primeras medidas que se transmitieron a la población fueron simples consejos, como los emitidos por el Ayuntamiento a través de la prensa local (63). Un vigía situado en la torre de la Mezquita daría la alarma tocando las campanas, el tráfico se detendría y los transeúntes buscarían refugio en los portales. Aconsejaba a la población refugiarse en los pisos bajos de las casas y abrir los balcones para prevenir la rotura de los cristales por la onda expansiva.

La población utilizaba para refugiarse cualquier recinto que ofreciese una mínima protección contra las bombas, y el miedo que provocaban las frecuentes incursiones del verano de 1936 hizo que muchas personas permaneciesen todo el tiempo en los refugios, lo que ocasionó problemas de tipo higiénico de los que se hizo eco la prensa, que también censuró la cobarde conducta de muchos hombres que permanecían continuamente en los refugios. El Diario de Córdoba del 20 de septiembre de 1936, bajo el titular “Las calles de Córdoba están más limpias que nunca”, informó del celo del alcalde, D. Salvador Muñoz Pérez, que le llevó a emplear en la limpieza de las calles a los individuos sin ocupación que permanecían en los sótanos por temor a los bombardeos.

El mismo diario de 27 de septiembre dio cuenta de la constitución de la Junta de Protección Civil contra ataques aéreos para asegurar la defensa de la población, en especial contra los gases asfixiantes. Estaba presidida por el Comandante de Artillería D. Juan Anguita Vega como delegado de la Autoridad Militar. Como vocales de esta Junta se citan las siguientes personas: comandante de Caballería D. Ricardo Rivas; D. Luis Segura, delegado del Gobierno Civil; D. José Bayona, delegado del Ayuntamiento; D. Joaquín Carbonell; D. Lorenzo Gollonet Mejías, jefe de bomberos; D. Alfonso Gordón, químico; D. Emilio Luque Morata, médico; D. Antonio Manzanares Bonilla, capitán médico; D. Ricardo Pérez Jiménez, médico; D. Julián Ruiz Martín, médico y por aquel entonces director del Hospital de la Cruz Roja; D. Germán Saldaña Sicilia, médico y profesor de la Escuela de Veterinaria; D. Carlos Sáenz de Santamaría, arquitecto municipal y, como Secretario, D. Rafael Flores Micheo.

En realidad, la Junta se constituyó el día 16 de septiembre de 1936 en una reunión celebrada en el cuartel de Artillería a las 19.00 horas, según consta en los oficios que el Alcalde dirige al concejal D. Luis Segura Velasco, al arquitecto municipal y al jefe de bomberos para que asistan a dicha reunión (64). La Junta comenzó inmediatamente sus trabajos, y el Diario de Córdoba de los siguientes días publicó los acuerdos que tomó. Así, el 1 de octubre de 1936 apareció un reglamento sobre uso de refugios, el siguiente día 6 se difundieron normas para prevenir ataques con bombas incendiarias y el 9 del mismo mes se comenzó a dar una relación de refugios por barrios, que continuó en los siguientes números.

El diario Guión de 2 de noviembre de 1936 proporciona una interesante información bajo el titular “Contra los ataques aéreos. La labor de la Brigada Técnica Anti-Gas”. Al parecer, la preocupación porque pudiera producirse un ataque químico llevó a la Junta de Protección a la creación de esta brigada, dirigida por el catedrático jubilado del Instituto D. Rafael Vázquez Aroca y formada por cinco grupos de trabajo, cada uno compuesto por un jefe y un ayudante, todos químicos o farmacéuticos. La brigada trabajó en el laboratorio del Instituto preparando reactivos detectores de los agresivos químicos y agentes neutralizantes contra los mismos e, incluso, sintetizando algunos de los agresivos de más probable empleo para comprobar la eficacia de los compuestos preparados. La Brigada elevó a la Junta una memoria con los resultados de sus trabajos, y se estudió la posibilidad de editar un folleto con las instrucciones a seguir. Lamentablemente, no hemos podido encontrar dicha memoria.

El 10 de enero de 1937 el Gobernador Militar de la Plaza nombró al comandante médico D. Ángel Sánchez Sánchez, entonces director del Hospital Militar, Presidente de la Junta de Protección contra ataques aéreos y de gases (65), cargo que desempeñó hasta el 7 de junio de 1937, cuando, por orden de la Superioridad, pasaron estas funciones a los jefes del Servicio de Antiaeronáutica.

En Córdoba no se construyeron refugios públicos diseñados ex-profeso, si bien el Ayuntamiento fomentó de diversas maneras la adecuación de locales por parte de particulares. Hemos encontrado, sin embargo, documentos sobre la construcción de un refugio en la barriada de Santa Emilia (66). Con fecha 26 de enero de 1938 algunos vecinos de dicha barriada que no tenían donde refugiarse de los bombardeos, elevaron instancia a la Corporación Local solicitando permiso “para hacer uno en la cantera que hay junto a los depósitos de agua por ser propiedad de ese Excmo. Ayuntamiento, cuyo refugio tendría carácter público en los momentos de alarma”. La Corporación no puso inconvenientes al proyecto siempre que los vecinos, a cuyo cargo correrían las obras, depositasen la piedra extraída en el lugar que se indicase para su posterior aprovechamiento en obras municipales. El Subcomité de Defensa Pasiva Aeronáutica informó favorablemente y dictaminó que el refugio podría aguantar impactos directos de bombas de 200 ó 250 kg. Finalmente, el Ayuntamiento autorizó la construcción el 22 de febrero de 1938 y declaró la obra exenta de arbitrios. En el expediente se conserva un croquis rudimentario del refugio, que debía ser efectivo a pesar de su concepción simple, pues se reducía a una galería interior con dos salidas, todo en forma de letra “U”.

Por otra parte, algunos vecinos de la barriada de Occidente, especialmente castigada por los bombardeos por su proximidad a la Electromecánica, elevaron instancia al Ayuntamiento para la construcción de un refugio antiaéreo (67). No hemos podido saber si finalmente llegó a construirse este refugio.

No se ha logrado documentar hasta la fecha la peligrosa labor de los artificieros en relación con las bombas que no estallaban, lo que se daba con frecuencia. El 28 de julio de 1936 se empezó a formar en Córdoba una Unidad Mixta de Ingenieros, bajo el mando del capitán D. Emilio Jiménez Arribas, en base a personal del Arma transeúnte en Córdoba al estallar la guerra. Esta Unidad, encargada de recoger e inactivar las bombas no explosionadas, estableció su cuartel en el palacio de los Cruz Conde, en la calle de Torres Cabrera, donde debían dirigirse los particulares en cuyas casas quedaran artefactos sin detonar. Según Guión de 8 de septiembre de 1936, se encargaban de ello dos voluntarios, haciéndolo posteriormente D. Antonio González y D. Manuel Molleda, de los que nada más hemos podido saber.


Las víctimas

Uno de los objetivos de este trabajo es establecer el número de víctimas mortales de los bombardeos y, en lo posible, su identidad. Las lagunas documentales, la censura que se aprecia en la prensa a partir del otoño de 1936 sobre los bombardeos y el olvido hacen prácticamente imposible conseguir este objetivo al cien por cien.

El folleto de la propaganda nacional Bombardeos aéreos en España, aceptado por Solé y Villarroya, da una cifra de 55 muertos en 27 incursiones, cifras muy alejadas, por defecto, de la realidad (68). El Historial del Regimiento de Artillería, que es bastante minucioso, ofrece una cifra de 235 víctimas mortales comprobadas y una estimación de 350 heridos. Tomando este número con las debidas reservas, se ha revisado el Registro Civil de Córdoba y los libros de registro de cadáveres de los dos cementerios municipales. Se han encontrado discrepancias entre ambas fuentes, tales como fallecidos inscritos en el Registro Civil que no aparecen en los cementerios y viceversa. También se ha dado el caso de víctimas comprobadas fehacientemente que no aparecen ni en el Registro Civil ni en los libros de los cementerios, lo que hay que atribuir al caos administrativo del verano de 1936. La pérdida, en algunos casos total, de los archivos de los distintos centros sanitarios ha hecho imposible afrontar la confección de una lista de heridos.

En el Registro Civil sólo aparecen 83 víctimas de bombardeos, algunas inscritas fuera de plazo. En el caótico mes de agosto de 1936 prácticamente se inscribieron sólo los que llegaron a ingresar en algún centro sanitario.

Se ha consultado el registro de cadáveres del cementerio de S. Rafael, que se halla en el Archivo Municipal de Córdoba (signatura L6057). Este registro recoge las inhumaciones habidas entre enero de 1933 y agosto de 1938, y ha proporcionado una información muy valiosa, pues se puede distinguir perfectamente un cadáver procedente de fusilamiento (“m.v.”, abreviatura de muerte violenta) de una muerte en el frente o de la víctima de un bombardeo, a los que casi siempre acompaña la anotación “de bomba”. No obstante, se han apreciado algunos errores. Hemos hallado aquí 90 cadáveres inhumados de víctimas de bombardeos, 48 de ellos identificados. También se ha consultado el registro de cadáveres del cementerio de Nuestra Señora de la Salud, que se encuentra en el Archivo Municipal de Córdoba bajo la signatura L6059. Este Registro, que abarca las inhumaciones habidas entre marzo de 1933 y diciembre de 1940, no proporciona una información clara, pues la palabra “judicial” acompaña a casi cualquier muerte violenta, sin que se puedan distinguir muertes por bombardeos de fusilamientos, suicidios, accidentes y otras. Algunas víctimas no están inscritas como “judicial”, y figuran registradas sin ningún tipo de datos de edad, procedencia, etc., junto con otras que proceden claramente de fusilamientos. Esto puede explicar que Moreno Gómez diera por fusiladas al menos a 9 personas que fueron víctimas de bombardeos (69). Además, no se ha encontrado hasta la fecha un cuaderno adicional citado por Moreno en el que el capellán del cementerio, D. Ángel Onieva Molina, detallaba los judiciales. Aunque Francisco Moreno me ha facilitado gentilmente las fotocopias que, en su día, realizó de dicho cuaderno, las hojas correspondientes a mediados de agosto de 1936 habían sido arrancadas, lo que nos priva de información sobre las víctimas habidas en aquellos días.

En realidad, este registro únicamente nos ha permitido confirmar las muertes conocidas previamente por otras fuentes; sólo en el caso del bombardeo del 1 de abril de 1937 hemos encontrado víctimas desconocidas con anterioridad, y ello porque se especifica en el libro la concesión de sepultura gratuita por parte del Ayuntamiento a las víctimas. Sospecho que en el mes de agosto de 1936 se enterraron en este cementerio bastantes víctimas de los bombardeos que no fueron inscritas como tales, porque no es creíble que se inhumaran unos 58 cadáveres en S. Rafael en los 5 días críticos de agosto (del 18 al 22) y tan solo uno en La Salud. Es más, se dan varios casos de víctimas enterradas en este cementerio según las inscripciones del Registro Civil de las que no hay rastro en el libro de registro del cementerio. Se han contabilizado 62 cadáveres inhumados en la Salud de víctimas de bombardeos, todos identificados excepto uno. A éstos hay que añadir al menos 2 víctimas enterradas en Doña Mencía y Cabra, respectivamente.

Por tanto, con los datos de los cementerios podemos asegurar un mínimo de 154 muertos, que hemos de incrementar hasta 155 por una niña que murió junto a su madre y tres hermanos y cuyos restos no se pudieron encontrar. Hay una diferencia de 80 víctimas con respecto a las dadas por el Historial, y a día de hoy es prácticamente imposible obtener más datos.

Hasta el momento se han identificado 118 de las víctimas, de las cuales sólo 14 eran militares o miembros de las Milicias Nacionales, y, de éstos, 7 eran no combatientes, por ser heridos hospitalizados o miembros de los servicios sanitarios del Ejército. De los 104 civiles identificados, 30 eran niños menores de 14 años. Triste ironía, algunas víctimas podrían ser simpatizantes de los atacantes, vistas las coincidencias de sus apellidos con los de algunos fusilados.

APÉNDICE: Por razones de espacio no se pudieron incluir los nombres de las víctimas identificadas de los bombardeos en la comunicación presentada al II Congreso “La guerra civil 70 años después”, celebrado en C.E.U. San Pablo. Madrid, noviembre de 2006. Publicada en “La República y la Guerra Civil. Setenta años después”. (Comunicaciones). Alfonso Bullón de Mendoza y Luis E. Togores, coordinadores. Editorial Actas, S.L. Madrid, 2008.. Además, esta relación se ha incrementado en varios nombres tras una revisión exhaustiva de los libros de defunciones del Registro Civil de Córdoba correspondientes al período 1936-1950.

A continuación, se transcriben los nombres de las 127 víctimas mortales identificadas hasta ahora:

Ana Lara García, 67 años.
Juan Montero Lázaro, 47 años.
Valentina Medina Ramírez, 64 años.
Manuel Camacho Parejo, 60 años, maestro nacional.
Manuel Guillén Parrado, 46 años, ferroviario.
Antonio Extremera Navarro, 18 años, repartidor de carne.
Rafael Arévalo Molina, 10 años.
Juan Cruces Martín, 10 años.
Rafael Sánchez Fuentes, 12 años.
Antonio Medina Alfaro, 63 años, portero de la fundición “La Cordobesa”.
Guillermo Sobrino Fontela, 21 años, soldado del GFRI “Ceuta”, nº 3.
Francisco Marín Pérez, 36 años.
Purificación Menéndez Redondo, 50 años.
Matilde Díaz, vendedora de hortalizas en el mercado de S. Agustín.
José Trujillo Villalba, 40 años, albañil.
Adriana Jiménez del Rayo, 13 años.
Francisco Otero Berral, 13 años.
José Rojano Nocete, 14 años.
Mariano Infante Millán, 17 años.
Carmen Jurado Navarro, 9 años.
Manuel Jurado Navarro, 7 años.
José Jurado Navarro, 6 años.
José Reyes Cebrián, 39 años.
Manuel Trillo Nevado, 2 años.
Ana Trillo Nevado, 7 años.
Felipe Bermúdez Casablanca, 7 años.
Fernando Gálvez Pérez, se ignora su edad (“a.v.”, adulto varón).
Josefa Ordóñez Pimentel, 27 años.
Ana Ruiz Martínez, 37 años.
Remedios Bodoque Ruiz, 2 años.
Francisco de la Cruz de la Torre,17 años.
José Cruz Rodríguez, 48 años.
Dolores Gómez Cabrera, 50 años.
Rafaela Gálvez Cañero, 49 años.
Juan Antonio Castillo Angulo, 33 años, ferroviario.
José Padilla Gálvez, 66 años, cabrero.
Ricardo Lledó Moreno, 27 años.
Trinidad Pedregosa Pérez, 20 años.
José Garrido Burrueco, 34 años, barrendero municipal.
Manuel Varona Romero, 28 años.
Francisco Palomeque Moreno, 23 años, cartero.
Antonio Ríos Aguilar, 38 años, jornalero.
Luisa López Fernández, 11 años.
Carmen López Fernández, 8 años.
Manuel García Fernández, 18 meses.
Dolores Ávila Romero, 59 años.
Francisca Cano Cabrera, 9 años.
Manuel López Benítez, 46 años.
Francisco Quesada Roas, 48 años.
Andrés Cansino Caballero, 16 años, dependiente.
Rafael Urbano Estrada, 57 años.
Francisco Gutiérrez Serrano “Serranito”, 44 años, ex matador de toros, vendedor de lotería y aguador.
María de la Sierra García, 84 años.
Juan Hidalgo Hidalgo, soldado de Ingenieros.
Fernando Botí Barberá, 22 años, artillero.
Félix Sedano Molina, 34 años.
Luisa Rodríguez Yuste.
Apolinar Niza Mena, 68 años, portero de finca urbana.
Manuel Criado Troncha, 64 años.
Julián Martínez Brieva, 76 años.
José Torres Hans, 47 años.
Francisco Camuñas Burgos, 66 años.
Amador Moreno León, 67 años.
Antonia Coll Borrego, 29 años.
Concepción Raigón Gutiérrez, 36 años.
Luis Casares Medina, 36 años, marmolista.
Andrea Pérez Alza, 39 años.
Antonio Toscano Pérez, 6 años.
Enriqueta Cuevas Fernández, 19 años.
Federico Gutiérrez-Ravé Gálvez, 28 años, artillero.
Fuensanta Martínez Yáñez, 40 años.
Rafael Aranda Martínez, 7 años.
José Luis Prieto Lovera, 28 años, alférez de Farmacia Militar.
Marcos Benavente López, 54 años, Practicante de Farmacia Militar (C.A.S.E.).
Juan Martín Camacho, 39 años, mozo de Farmacia Militar (civil).
Miguel Ortiz Lama, soldado de Farmacia Militar.
Baldomero Delgado Adame, 26 años, soldado de Sanidad Militar.
Manuel Ignacio Henares Ayala, artillero, adscrito a la Farmacia Militar.
Carlos Par Balcells, 23 años, licenciado en Ciencias Químicas.
Antonio Romero Noriega, 19 años, alférez de Aviación.
Domingo Botella Campoy, 23 años, sargento de Artillería.
Juan Canales Torralbo, 14 años.
Rafael Bello del Toro, 19 años, Bandera de FE y de las JONS de Las Palmas.
Antonio Jiménez Duarte, 18 años, Bandera de FE y de las JONS de Las Palmas.
Antonio Jiménez Neira, 54 años, médico de la Bandera de FE y de las JONS de Las Palmas.
Carmen Morales Olmedo, sirvienta en el Hospital Militar.
Basilio Pozo, sanitario del Hospital Militar.
Emilio Sánchez García, 44 años, guardia cívico..
María Chicano Parejo.
Antonia Fernández Almagro, 14 años.
Juan Valderrama Fernández, 22 años, ferroviario.
Juan de Dios Corona Cantor, 29 años, ferroviario.
Francisco Ibáñez Guerrero, 30 años, jornalero.
Encarnación Morón García, 31 años.
Encarnación Ibáñez Morón, 3 años.
Cayetano Iradi Ruano, 13 años.
Victoria Díaz Giménez, 44 años.
Adoración Ruiz Pérez, 43 años.
Concepción Leiva Ruiz, 12 años.
Remedios Leiva Ruiz.
Fuensanta Leiva Ruiz.
Aurelio Leiva Ruiz, 14 años.
Felisa Pérez Camacho, 21 años.
Rosalía Aranzona Benítez, 19.
Pura Pila Cordero, 22 años.
Fernanda Pila Cordero, 18 años.
Antonio Martín Pila, 5 años.
Carmen Cordero Quintana, 56 años.
Tránsito Enríquez Requena, 18 años.
José Moreno Muñoz, 63 años, ferroviario.
Daniel Núñez Montenegro, 48 años, empleado.
Isabel Liñán Barrientos.
Juan Hernández Mesa, 70 años.
Francisca Sánchez Pérez, 64 años.
Rafael Sánchez Porras, 6 años.
Antonio Cordero Simón, 16 años.
Josefa Bermudo Serrano, 79 años.
Antonio Gómez Carmona, 13 años.
Juan Kewch Sánchez, 29 años, mecánico.
Francisco Infante Millán, 28 años, albañil.
Antonia Romero Cabrera, 19 años.
Mercedes Prieto Montesinos, 48 años.
Antonio Fernández Fernández, 13 años.
Miguel García Medina, 31 años.
Rafaela Jurado Aguilar, 26 años.
Rosa Herrera Jurado, 5 años.
Encarnación Herrera Jurado, 3 años.



De estas 127 víctimas sólo 15 eran militares o miembros de las Milicias Nacionales, y de éstos 7 eran no combatientes al ser heridos hospitalizados o miembros de los servicios sanitarios del Ejército. De los 112 civiles identificados 33 eran niños menores de 14 años.

Que descansen en paz y que permanezca su recuerdo.

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