Aquella Córdoba

EL SANTUARIO DE LA VIRGEN DE LINARES.

Vicisitudes durante la Guerra Civil.

Por Patricio Hidalgo Luque.
Agradecimientos: a Juan Manuel Fernández, por permitirnos la reproducción de un documento de su archivo, y a Juan Galán Ruiz de Adana por la elaboración de un completo dossier de prensa.

El 12 de abril de 1936, Domingo de Resurrección, comenzaron los cultos que la Hermandad de Nuestra Señora de Linares dedicaba a su Titular. En marzo se había elegido nueva Junta directiva, cuya composición era la siguiente:

  • Hermano Mayor: Ángel Toledano Rodríguez.
  • Teniente de Hermano Mayor: Antonio Cantueso Aroca.
  • Contador: Joaquín Fuentes Lestón.
  • Tesorero: José Sánchez Camacho.
  • Camarero: José Infante Conde.
  • Secretario: Antonio Ramírez López.

El Diario de Córdoba del siguiente día 17 se hizo eco de las quejas de los excursionistas relativas al mal estado del camino. Según el decano de la prensa cordobesa, el Ayuntamiento arreglaba el camino todos los años, lo que no había hecho en esta ocasión a pesar de que con un presupuesto reducido, que estimaba en unas 500 pesetas, podría realizarse con cargo a los fondos gestionados por la Comisión de la Décima contra el Paro, lo que daría ocupación y jornales a algunos obreros. Parece que el Ayuntamiento atendió esta petición, porque en las listas de obreros a los que se les entregaba un volante para ir a trabajar en obras municipales con cargo a la Décima contra el Paro -obreros todos ellos pertenecientes a partidos y sindicatos afectos al Frente Popular y recomendados por esos mismos organismos, como consta en las mencionadas listas- aparecen algunos asignados al Camino de Linares.

El domingo 10 de mayo de 1936 tuvo lugar el octavo acto de la novena, en el que predicó el carmelita descalzo P. Ladislao de Jesús María. A pesar de la llovizna, que cayó insistentemente durante toda la mañana, fueron muchas las personas que se acercaron al Santuario. La prensa destacó la simpática cabalgata organizada por la popular “Peña los 99 amigos del silencio”, cuyos socios salieron desde la plaza de Sagasta (plaza de la Compañía) montados en burro y llevando en la grupa lindas muchachas ataviadas a la andaluza. La “intendencia” iba en cinco carruajes, que llevaban un cuadro flamenco y las vituallas para el imprescindible perol, que debió resultar pantagruélico. Ya instalados en pleno campo llevaron a cabo la elección de “Miss 99”, título que recayó en la señorita Juanita Rodríguez con un honroso segundo puesto para la señorita Enriqueta Solís. Al regresar de la romería varios caballistas, encabezados por el rejoneador Antonio Cañero, que solía colaborar entusiasta y desinteresadamente en este tipo de eventos, se colocaron al frente de la caravana llevando a las “misses” a la grupa. El hecho de que la romería se celebrase el segundo domingo de mayo y no el primero, como es lo habitual, pudo deberse a la delicada situación vivida la semana anterior al domingo 3 de mayo por la huelga general declarada en la ciudad.

En 1936 se cumplían ochocientos años de la Reconquista de la ciudad por las tropas castellanas del rey Fernando III el Santo. Como colofón a la feria de mayo se organizó una cabalgata histórica en la que iban a figurar personajes destacados de la época. Se había pensado en traer desde el Santuario las imágenes de la Virgen conquistadora y del mismo San Fernando para que desfilaran, lo que finalmente no se llevó a cabo. El director de Guión, Antonio de la Rosa, no pudo contenerse y tituló a toda página en el número del 3 de junio de 1936: “San Fernando reconquistó a Córdoba. El único que no figura en la Cabalgata es San Fernando”.

Al estallar la guerra civil la ciudad de Córdoba quedó en manos de los sublevados desde la misma tarde-noche del 18 de julio. Sin embargo, la guarnición cordobesa era muy exigua, de forma que en los primeros días poco podía hacer aparte de controlar la propia capital y montar expediciones para tratar de socorrer los sitiados puestos de la Guardia Civil de algunos pueblos de la provincia. En esos días los alrededores de Córdoba eran tierra de nadie. Muchos huidos merodeaban por la cercana Sierra a la espera de acontecimientos, acercándose a las fincas para obtener alimentos y armas.

Por su parte, el Gobierno envió contra Córdoba una columna formada por tropas regulares de la región levantina y milicias al mando del general José Miaja Menant. El futuro defensor de Madrid fue llamado a la capital, de forma que el 8 de agosto la columna quedó al mando del comandante de Estado Mayor Juan Bernal Segura. El nuevo jefe se tomó con calma la toma de Córdoba y atacó por fin el 20 de agosto de 1936. Son muy conocidas las vicisitudes de la columna de Joaquín Pérez Salas, que atacó ese día desde Torres Cabrera, y el combate del Puente Mocho del día siguiente. Menos conocidos son los combates que se libraron el mismo día 20 en Los Villares y en Los Pradillos, que pusieron en verdaderos apuros a los defensores.

Al amanecer del día 20 la guarnición de Los Pradillos fue atacada por fuerzas republicanas superiores en número. Tras varias horas de intenso fuego los defensores se replegaron a la finca "La Concepción" donde se atrincheraron a la espera de refuerzos. Mientras tanto, unos milicianos habían llegado al Santuario de Linares. El santero, previsor, había ocultado la imagen de la Virgen. Los asaltantes ocasionaron diversos desperfectos en los edificios, destrozaron el órgano, esparcieron por doquier objetos y documentos del archivo y amontonaron imágenes y ornamentos con el propósito de incendiarlos. Fue entonces cuando vieron aproximarse a miembros del Batallón de Voluntarios de Córdoba que habían acudido a socorrer a los sitiados en La Concepción. Los milicianos huyeron hacia Cerro Muriano llevándose a varios paisanos que estaban en el Santuario. Las fuerzas recién llegadas se hicieron cargo de imágenes y ornamentos.

Existe un documento, que presentamos aquí gracias a la generosidad de Juan Manuel Fernández, y es el recibo que extendió como miembro de la Junta Conservadora del Tesoro Artístico el canónigo de la Catedral y futuro obispo de Jaén Félix Romero Mengíbar al recibir del Batallón de Voluntarios la imagen de la Virgen y diversos objetos sagrados. Dicho recibo está fechado el 20 de diciembre de 1936.

Evidentemente el Santuario, aparte de no reunir condiciones por los desperfectos sufridos, no era un lugar seguro, pues la Sierra de Córdoba continuó siendo lugar de paso y de refugio para los espías y saboteadores republicanos durante toda la guerra. Baste decir que sólo entre enero y junio de 1937 hemos contabilizado no menos de diez atentados de guerrilleros republicanos contra la línea férrea Córdoba-Alcolea, que tan cercana está de la zona del Santuario. Por ello, la imagen de la Virgen quedó depositada en la parroquia de S. Lorenzo y allí recibió culto durante los años de la contienda, como se refleja periódicamente en la prensa local.
Al acabar la guerra la Hermandad quiso volver al Santuario, encontrándose con que no podía hacer frente a los cuantiosos gastos de reparación. Ante esta situación se solicitó permiso para efectuar una suscripción popular, algo que debido a los abusos perpetrados durante los primeros meses de la guerra debía ser autorizado por el Ministerio de la Gobernación y concretamente por la Jefatura del Servicio Nacional de Regiones Devastadas y Reparaciones, lo que se consiguió sin problemas el 6 de julio de 1939. Durante los meses sucesivos la prensa local, ya únicamente el diario falangista Azul, publicaba diariamente las listas de donantes, encabezada por instituciones, autoridades y figuras relevantes de la vida cordobesa, como los toreros “Guerrita” y “Manolete”.
La imagen de S. Fernando, que había quedado seriamente dañada durante el asalto al Santuario, fue restaurada por el artista Rafael Díaz Peno y conducida a la parroquia de S. Lorenzo el 23 de diciembre de 1939.
En enero de 1940 la Junta General de la Hermandad acordó trasladar las imágenes al Santuario el 3 de marzo, pero de nuevo el mal estado del camino aconsejó posponer el traslado hasta el Domingo de Resurrección, 24 de marzo de 1940, fecha a partir de la cual comenzaría la Novena en honor de la Santísima Virgen.
Los actos comenzaron el dicho Domingo de Resurrección con una misa a las 8.30 horas en la parroquia de S. Lorenzo, con asistencia de representantes de las autoridades. Tras el oficio religioso salió la procesión por María Auxiliadora y el Marrubial hasta la Fuensantilla. Miembros de la Guardia Civil y la Guardia Municipal a caballo abrían la comitiva, mientras que la cerraba la Banda Municipal de música. En la Fuensantilla se despidieron las autoridades y la comitiva continuó hasta el Santuario, donde llegó sobre las 12:30 horas. Azul del martes 26 de marzo de 1940 relata pormenorizadamente estos hechos y añade que el mal tiempo propició el pronto regreso de perolistas y caballistas.

 

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